La paradoja de la era digital: ¿conectados o controlados?
Entre máquinas que nos observan, datos que recopilan nuestros comportamientos, y mensajes que nos persuaden, navegamos dentro de un sistema económico denominado: El capitalismo de la vigilancia.
Editado por: profesora Estefanía Fajardo De la Espriella
Ensayo realizado para la clase de Gestión de Redes Sociales y Plataformas, (Sexto semestre- 2025 ll), bajo la supervisión de la profesora Catalina Restrepo Díaz.
Entre máquinas que nos observan, datos que recopilan nuestros comportamientos, y mensajes que nos persuaden, navegamos dentro de un sistema económico denominado: El capitalismo de la vigilancia.
Hoy vivimos bajo lo que podría llamarse la quinta gran distopía literaria del siglo XXI, heredera de las advertencias orwellianas, huxleyanas, kafkianas y dickianas sobre el poder y la libertad humana. En este contexto, el capitalismo de la vigilancia emerge como un régimen que transforma la realidad cotidiana mediante la recolección masiva de datos y la manipulación algorítmica de la atención. Potenciada por la sociedad de la transparencia, constituye una nueva distopía contemporánea que erosiona la autonomía individual mediante la hiperconectividad, la exposición constante y la naturalización del control digital.
Ejemplos recientes lo evidencian: la IA generativa (ChatGPT, DALL·E) se entrena con grandes volúmenes de datos, reconfigurando nuestra relación con el conocimiento; TikTok atrapa nuestra atención con un flujo infinito de videos personalizados, explotando la vulnerabilidad psicológica del usuario; y las campañas digitales de microtargeting moldean emociones y decisiones con publicidad segmentada. Todos estos fenómenos muestran que hoy formamos parte de un sistema cuyo objetivo es extraer datos personales y perfilar nuestro comportamiento para fines comerciales o de control. Como sostiene Zuboff (2020), el capitalismo de la vigilancia reclama unilateralmente “la experiencia humana, entendiéndose como una materia prima gratuita que puede traducir datos de comportamiento” (p. 17).
Byung-Chul Han (2013) describe la sociedad de la transparencia como un régimen en el que la exigencia de visibilidad absoluta funciona como una forma de coacción: al eliminar lo secreto, la distancia y la negatividad, la transparencia convierte la vida en exposición operativa constante. Advierte que la transparencia, en lugar de producir confianza, la deshace, pues lo que antes se sostenía en la credibilidad se sustituye por la comprobación y el monitoreo constante, lo cual empobrece la originalidad y amplifica la superficialidad (Han, 2013, p. 92). La demanda de transparencia surge de la falta de confianza y conduce a sustituirla por control técnico. Además, en el panóptico digital, “el morador […] es víctima y actor a la vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control” (Han, 2013, p. 95). Es decir, los individuos se convierten simultáneamente en vigilantes y vigilados, pues entregan voluntariamente datos que luego serán usados para controlarlos.
Shoshana Zuboff (2020) define el capitalismo de la vigilancia como un “nuevo orden económico” resultante de la expropiación de la experiencia humana. Las grandes empresas tecnológicas persuaden a los usuarios de renunciar a su privacidad por conveniencia, mientras convierten datos íntimos en predicciones de comportamiento que pueden ser vendidas y utilizadas con fines comerciales o políticos. Según Zuboff (2020), este sistema constituye una “mutación aberrante del capitalismo” (p. 236) y un “asalto a la autonomía humana” (p. 264). Ejemplos como el experimento de Facebook en 2014 —que alteró sin consentimiento el flujo de contenidos para comprobar si podía manipular emociones— muestran cómo las plataformas se apropian de la vida interior de los usuarios para moldear su conducta (Zuboff, 2020, p. 258).
Cristóbal Cobo (2019) denomina “poder gris” a las formas sutiles de influencia digital que manipulan la atención de los usuarios sin que estos lo perciban. Un ejemplo es el de los llamados “smartphone zombies”, personas tan sumergidas en sus dispositivos que “pierden la noción de lo real” (p. 71). Estas personas mantienen un consumo ininterrumpido de contenidos que produce un tráfico digital continuo y clics sin fin, lo cual, en palabras de Cobo, “genera un panorama perfecto para quienes se lucran con nuestra atención en los circuitos digitales” (p. 72). En la práctica, esto se evidencia cuando, al caminar por la calle o incluso al comer, los individuos permanecen concentrados en sus pantallas. Así mismo, muchos usuarios optan por no elegir conscientemente, aceptando términos y opciones predeterminadas sin reflexionar, lo que les lleva a delegar decisiones importantes (Cobo, 2019, p. 27).
Cobo (2019) también diferencia entre “vasallos de datos”, quienes entregan información pasivamente, y “escribanos digitales”, aquellos que procesan, manipulan y monetizan esos datos (p. 63). Esta brecha refleja que la digitalización no elimina desigualdades, sino que las desplaza hacia el plano informacional. Plataformas como Tik Tok ilustran este fenómeno: su recomendación infinita mantiene a los usuarios en un ciclo de exposición constante, reforzando la extracción de datos para sus algoritmos. Incluso quienes acumulan miles de seguidores y creen tener liderazgo digital, en realidad están —como señala Cobo— “más cerca de ser el objeto de consumo que se comercializa en el actual paradigma digital” (p. 65).
Zuboff (2020) advierte que este poder corporativo constituye un “golpe desde arriba” que erosiona derechos esenciales de las sociedades democráticas (p. 9). Y Cobo (2019) recuerda que “la vigilancia y la excesiva concentración de poder no contribuyen a la democracia ni a la confianza” (p. 159). En lugar de reforzar la confianza ciudadana, el sistema tecnológico la sustituye con vigilancia, debilitando los fundamentos de la vida democrática. De este modo, el capitalismo de la vigilancia puede entenderse como una distopía contemporánea que recoge las advertencias de Orwell, Huxley, Kafka y Dick, pero las reinterpreta bajo la lógica digital. La mayor amenaza ya no es la represión explícita, sino la naturalización del control: lo normal es estar vigilados, y lo anormal es reclamar privacidad.
Frente a este escenario, se hace urgente imaginar un refugio digital: marcos regulatorios eficaces, mayor transparencia algorítmica y una alfabetización digital, de modo que los ciudadanos puedan elegir conscientemente su lugar en el ecosistema digital y recuperar su autonomía. De lo contrario, los gigantes tecnológicos seguirán configurando sociedades cada vez más dependientes y menos libres. Como advierte Zuboff, es necesario pensar en un “derecho de asilo y refugio digital, un lugar que proteja y ayude a los individuos a recuperar su autonomía frente a esta nueva era digital” (2020, p. 521).
El verdadero peligro no es que la inteligencia artificial, TikTok o las campañas digitales nos hagan más funcionales, sino que nos conviertan en sujetos obedientes y distraídos, sin una mirada crítica y alejados de lo real. El futuro de la democracia dependerá de nuestra capacidad de resistir esta mutación del capitalismo y de recordar que la libertad exige siempre la posibilidad de elegir con conciencia y no solo con un clic.
Bibliografía:
Cobo, C. (2019). Acepto las condiciones: Usos y abusos de las tecnologías digitales. Fundación Santillana.
Zuboff, S. (2020). La era del capitalismo de la vigilancia: La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder. Ediciones Paidós.
Han, B.-C. (2013). La sociedad de la transparencia (R. Gabás, Trad.). Herder Editorial. (Obra original publicada en 2012)